Cuando los hoteles también votan
Hay algo particularmente humillante para un régimen cuando quienes empiezan a abandonarlo no son los opositores, los periodistas incómodos ni los activistas de derechos humanos. Sino que son los inversionistas. Los gerentes. Los contadores. Los consejos de administración. Gente poco dada a las consignas ideológicas y mucho más interesada en hojas de cálculo.
La noticia pasó relativamente desapercibida fuera de los círculos económicos nacionales e internacionales: una importante cadena hotelera española dejará de gestionar 15 hoteles en Cuba.
No se trata de una empresa cualquiera ni de una presencia reciente. Hablamos de una compañía que apostó por la isla durante décadas, sobrevivió a crisis, sanciones, cambios de gobierno y promesas de apertura que nunca terminaron de concretarse.
Cuando una empresa de ese tamaño decide reducir su presencia, el dato relevante no son los hoteles. Es el diagnóstico.
Durante años, el régimen cubano logró sostener una narrativa particularmente útil para su supervivencia: podía permanecer políticamente cerrado mientras seguía abierto a determinados negocios internacionales. Europa invertía. Canadá invertía. Algunas cadenas hoteleras seguían........
