Ayuso no viaja, irrumpe
Isabel Díaz Ayuso no llegó a México a hacer turismo político ni a cortar listones diplomáticos; llegó a intervenir en una conversación que no es la suya, pero que ha decidido convertir en escenario propio. Y eso, más que una anécdota incómoda, es una señal de época: la política exterior dejó de ser monopolio de los Estados y empezó a ser territorio de actores con agenda, ideología y ambición personal. Digamos que, en el nuevo manual, ya no se piden citas en cancillería: se toman plazas en la conversación pública.
No es menor que la presidenta de la Comunidad de Madrid aterrice en México sin interlocución con el gobierno federal, pero con agenda activa con empresarios, oposición y símbolos cuidadosamente elegidos. La visita a la Basílica, el homenaje a Hernán Cortés, el rechazo explícito a cualquier narrativa de disculpa histórica, todo forma parte de una coreografía que no busca diálogo, sino posicionamiento. No viaja Madrid como entidad institucional; viaja una narrativa política que se sabe provocadora y que, precisamente por eso, resulta eficaz. En el fondo esto no va de México. Va de poder. Y de cómo ejercerlo sin pasar por ventanilla.
Ayuso ha entendido algo que muchos líderes todavía fingen no ver: la política contemporánea ya no se juega únicamente en los........
