El fracaso que presumen
El gobierno de Morena repite con orgullo una cifra que, lejos de ser motivo de celebración, debería preocuparnos. Presumen que el 80% de las familias mexicanas recibe algún programa social.
Lo dicen como si fuera un logro, pero en realidad es la confesión más clara de su fracaso económico.
Cuando un gobierno celebra que la mayoría de sus ciudadanos depende de él para llegar a fin de mes, en el fondo está admitiendo que no fue capaz de generar empleos suficientes, crecimiento sostenido ni oportunidades reales de desarrollo. Es decir, fallaron en lo más importante.
Un país fuerte no es aquel donde la mayoría recibe ayuda del Estado, sino aquel donde la mayoría puede salir adelante por sí misma.
Los programas sociales deberían ser temporales, un apoyo para momentos difíciles, no una forma permanente de subsistencia. Sin embargo, Morena los ha convertido en un sistema de dependencia masiva que, lejos de resolver el problema de fondo, lo perpetúa.
Porque no se trata solo de entregar dinero. Se trata de generar condiciones para que ese dinero deje de ser necesario.
Como bien lo dijo Ronald Reagan: “deberíamos medir el éxito del Estado de Bienestar en función de cuántas personas abandonan los programas de asistencia social, no en función de cuántos se incorporan a ellos”.
Bajo esa lógica, México no está avanzando, está retrocediendo. No crece la prosperidad, crece la dependencia.
Porque cuando cada vez más mexicanos necesitan del gobierno para sobrevivir, lo que se expande no es el progreso, sino un modelo que limita la movilidad social, desalienta el esfuerzo y castiga la productividad.
Se normaliza la idea de que el ingreso depende del poder político y no del trabajo, la innovación o el mérito. Y eso tiene consecuencias profundas.
Un ciudadano dependiente es un ciudadano vulnerable, fácil de condicionar. Poco a poco, la ayuda deja de ser un derecho social para convertirse en una herramienta de control político. Ese es el verdadero riesgo.
Un Estado responsable no administra la pobreza ni la utiliza como instrumento electoral. Un Estado responsable crea condiciones para que las personas prosperen, inviertan, emprendan y generen riqueza. Empodera a sus ciudadanos, no los mantiene cautivos.
Eso implica reglas claras, respeto a la ley, seguridad para invertir y un entorno donde el esfuerzo sí valga la pena.
Morena ha optado por lo contrario. Ha sustituido oportunidades por subsidios, crecimiento por clientelismo y libertad por control.
México no necesita más programas sociales eternos. Necesita inversión, certeza jurídica, empleo bien pagado y libertad económica.
Necesita un gobierno que deje de repartir dinero que no genera y empiece a construir condiciones para que los mexicanos no lo necesiten.
Porque el verdadero éxito de una política social no es cuántos dependen de ella. Es cuántos logran dejarla atrás.
Diputada del PAN en el Congreso CDMX
