Pobres de los niños
En algún momento entre finales de mayo y principios de junio, mientras 158 mil aspirantes presentaban en línea el examen de ingreso a la UNAM, alguien en algún lugar de México operaba lo que sólo puede describirse como un centro de servicios. Varias sesiones simultáneas, conexiones desde la misma dirección IP, fondos de pantalla idénticos. Personas contratadas para presentar el examen en nombre de otras personas.
La propia Universidad ya habla de organizaciones y empresas y la Fiscalía capitalina tiene abiertas carpetas de investigación por venta de respuestas, asistencia remota y suplantación de identidad.
Cuando se publicaron los resultados, la anomalía se percibía a simple vista. Entre 2021 y 2025 alrededor de 3.5% de quienes presentaban el examen obtenía 100 aciertos o más. En 2026 fue de 16.3%, casi cinco veces más. Ninguna generación mejora así en un año.
El examen en línea no fue, como a veces se dice, una ocurrencia improvisada. Un año antes, UNAM e IPN habían aplicado con éxito un proceso semejante a casi 108 mil aspirantes al bachillerato, con el mismo proveedor y mecanismos de seguridad muy similares; el Poli acumulaba, además, varios años de experiencia con evaluaciones remotas.
La decisión de extender el modelo a la licenciatura tenía, por tanto, antecedentes razonables. Otra cosa es lo que ocurrió una vez que comenzaron a aparecer señales de que el sistema estaba siendo vulnerado.
El traslado de un concurso de altísimas consecuencias –158 mil personas compitiendo por menos de 22 mil lugares– a un formato en línea desde los domicilios resultó una apuesta que subestimó los riesgos, y la respuesta institucional ante las primeras señales de irregularidades fue más lenta y menos transparente de lo que la magnitud del problema........
