El rapto de Europa digital
El mito clásico relata cómo Zeus, transformado en un toro de deslumbrante blancura, sedujo a la vulnerable Europa mientras recogía flores, para llevársela lejos de su tierra y sumergirla en un destino ajeno. Hoy la vulnerabilidad europea no proviene de un rapto externo, sino de un autosecuestro institucional. Zeus regaló a Europa un collar (una posesión valiosa), un autómata de bronce (tecnología), un perro que nunca soltaba a su presa (regulación) y una jabalina que nunca erraba (el miedo a un adversario).
En el terreno de la tecnología y la infraestructura digital no son los toros de Silicon Valley o de Shenzhen los que están alejando a Europa de su prosperidad digital, son los burócratas de Bruselas quienes, atrapados en una maraña de hiperregulación y cautela excesiva, mantienen a Europa cautiva en el pasado.
La solución de la Comisión Europea, la Digital Networks Act (DNA) o Ley de Redes Digitales, es el estandarte de un marco jurídico moderno y armonizado para reforzar la competitividad tecnológica. En realidad es un avance tímido que no rompe las cadenas de la fragmentación continental.
Europa, que lideró el mundo con las redes y los teléfonos 3G y la hiperregulación para 4G, con 5G perdió la brújula de la innovación disruptiva. Mientras Estados Unidos domina el software y la nube, y China se apodera de la infraestructura física y 5G, la Unión Europea se especializa en lo único que parece producir a escala industrial: reglamentos.
La DNA es un intento de despertar y nace con objetivos loables. Busca incentivar la transición hacia la fibra óptica y las redes 5G y 6G y simplifica las normas de autorización para que los operadores de telecomunicaciones puedan actuar de forma transfronteriza. El diagnóstico es correcto: el........
