Obama y los extraterrestres
Buenos días, amigos y amigas. ¿Qué tal les ha sentado el Carnaval que hoy termina? Espero sinceramente que bien, ya sea por acción, si son ustedes amigos de las Carnestolendas, o por omisión, si en estos días optan por refugiarse de las multitudes y de las máscaras. Al fin y al cabo, en la diversidad está el gusto, con lo que es fantástico que existan diversas opciones de ocio y disfrute, pero también que uno pueda meterse de lleno en ellas o, por el contrario, escaparse de tales propuestas y buscar algo diferente... En cualquier caso, como les digo, espero que hayan sido días buenos para todos ustedes…
Y, mientras, la vida sigue. Continúan las barbaries y las barbaridades, los diferentes emprendimientos humanos en muy distintos lugares del globo y la vida cotidiana de cada cual. Sobre todo ello reflexionaba yo hace escasos días, en que dí con mis huesos en Barcelona de nuevo, una bonita ciudad que durante muchos años visité por lo menos dos veces al mes, y que ahora frecuento menos. Fue un viaje relámpago con parada no menos exprés en Zaragoza, hilvanando historias de amistades antiguas y cultivando apegos…
Hoy, sin embargo, no les hablaré ni de la amistad ni de la noble práctica de entender cómo se vive en otros lugares, aunque el pensar en sitios lejos de nosotros está de alguna manera relacionado con el tema que les propongo. Y es que........
