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Limpiemos nuestras esponjas

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27.04.2026

Hace poco tuve una reunión con mi jefa para hablar sobre diversos temas acerca de mi tiempo en la institución educativa donde trabajo, en medio de esta conversación ella me hizo una pregunta muy importante. De psicóloga a psicóloga me preguntó: ¿Cómo crees que tu carrera y tu perspectiva profesional te ayudan a ser mejor educadora? En el momento le contesté con todas las ventajas que el ser psicóloga me brinda a la hora de enseñar, como la visión profunda que tengo a la hora de notar y entender a los niños, la capacidad que tengo para conectar con ellos, y la mirada global que tengo acerca del mundo que cada niño habita.

Cuando salí, me quedé pensando en esa pregunta, y lo que reflexioné es que ser psicóloga también me ofrece un lente muy claro y una perspectiva muy completa sobre todo lo que los niños viven en casa, sobre todo lo que aprenden viendo a sus padres, y sobre todo lo que absorben de su hogar, porque como dice el dicho, ‘los niños son como esponjas’. Sin embargo, también pensé en el otro lado de la moneda, y es que las esponjas no solo absorben lo positivo y lo que aporta, sino que también absorben el mugre y la suciedad del entorno en el que habitan.

Así son los niños, observan a sus cuidadores, escuchan lo que dicen, ven lo que hacen y reciben la información de su contexto. Poco a poco todo este contenido comienza a integrarse en su sistema nervioso, forjando su sentir y su visión del mundo. A diferencia de una esponja de cocina que puedes lavar, la ‘esponja’ del cerebro infantil usa lo que absorbe para construir sus........

© El País