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Saludos a México, pero besos a Brasil

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Varios mensajes se desprenden de la participación de la presidenta de México en la Cuarta Cumbre en Defensa de la Democracia en Barcelona. El más importante es que ya no hay crisis diplomática entre México y España, dándose por terminada una etapa absurda de distanciamiento en las relaciones entre ambos países. A ello se suma la propuesta de una declaración en contra de la intervención militar en Cuba que hizo Claudia Sheinbaum, lo que indica que México seguirá defendiendo a la isla en diferentes foros. Finalmente, la mandataria ofreció a México como sede de la próxima cumbre, que se celebraría en 2027, seguramente antes de las elecciones mexicanas de medio término. De esta reunión surgen dos reflexiones clave.

En primer lugar, se confirma nuevamente que el cambio del orden internacional impacta profundamente la política interior y el debate público, por lo que los líderes políticos buscan apoyos internacionales para fortalecer sus posiciones en el escenario doméstico. Así hay que leer el mensaje que llega desde Barcelona de la mano de Pedro Sánchez. El presidente del Gobierno español decidió jugar con la agenda internacional, aprovechando su confrontación con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Usó la cumbre para reforzar la posición de su partido antes de las importantes elecciones regionales en Andalucía, que se celebran en mayo y que se leerán como un anticipo de las elecciones generales del próximo año.

En segundo lugar, la reunión de Barcelona confirma que el distanciamiento en las relaciones bilaterales entre México y España tiene costos que van más allá de las empresas españolas que se retiraron o decidieron posponer sus inversiones. Hay un costo político que se hizo evidente en Barcelona a través de la presencia destacada de Brasil. Su presidente, Lula da Silva, aprovechó la ausencia de México durante estos años para ocupar un espacio relevante en la política exterior española. Llama la atención que, en esta ocasión, justo antes del encuentro sobre la democracia, se llevó a cabo la I Cumbre Brasil–España, que marca un nuevo momento de la asociación estratégica entre ambos países. Lula y Sánchez firmaron en este contexto alrededor de 15 acuerdos, además de que la inversión española en ese país ha crecido. Lula, que durante su gira a Europa visitará también Alemania y Portugal, brilló, mientras que la presencia de México fue comparativamente más limitada y tímida, resultado de años de distanciamiento.

La gran pregunta es qué sigue después de Barcelona, no sólo en la relación con España, sino, sobre todo, en la política exterior mexicana, que finalmente cuenta con un nuevo canciller, Roberto Velasco, quien se estrenó en esta ocasión. Ojalá lo de Barcelona sea una señal de una política exterior más activa, abierta y diversificada, y no sólo un episodio aislado. De lo contrario, México corre el riesgo de perder espacio en una región donde la competencia por influencia existe y los errores se pagan muy caro.


© El Heraldo de México