El nuevo runcho
Pico y Placa Medellín
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Por María Clara Posada Caicedo - @MaclaPosada
Hay una forma particularmente repugnante de hipocresía política: Convertir los principios en consignas que solo sirven para atacar a los adversarios.
Algunas militantes de izquierda han perfeccionado ese ejercicio hasta extremos asombrosos. Sus discursos sobre la dignidad femenina, la violencia simbólica y los derechos de género parecen tener una cláusula secreta: Únicamente son aplicables cuando la víctima pertenece al sector político correcto. El caso de la Primera Dama de Colombia es revelador. El caricaturista MATADOR la llamó “ratica”, una expresión que, dirigida contra una dirigente de izquierda, probablemente habría desatado una tempestad de indignación, denuncias de misoginia y exigencias de reparación. Pero esta vez las arengas enmudecieron, las consignas desaparecieron y las guardianas de la dignidad femenina descubrieron las extraordinarias virtudes del silencio. El pañuelito morado salió a huelga. Lo más escandaloso vino después. La senadora Isabel Zuleta, lejos de cuestionar semejante agravio, promovió la........
