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Ocultar, ocultar, venceremos

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20.02.2026

LA HABANA.- No me cabe ni la más pequeña de las dudas sobre el por qué de los carteles que están apareciendo, y no porque mi cuerpo sea esmirriado y breve. Mi estatura sobrepasa, al menos un poquito, los seis pies. Y si hago esa advertencia es porque dentro de mí se van agolpando un montón de dudas que, muchas veces, se convierten en verdades, en sentencias irrevocables.

Resulta que amanecí en medio de un runrún que iría creciendo con una fuerza grande, casi avasalladora. En el barrio no se hablaba de otra cosa. Todos los vecinos conversaban sobre un mismo tema, una y otra vez, sin cansarse. Y en el centro de las murmuraciones había un muro, un muro que se levanta sobre un tramo de la Calzada del Cerro, muy cerca de la avenida de Rancho Boyeros.

Y dicen los que llegaron primero que sobre la pared podía leerse, muy claramente, “Abajo Díaz-Canel” y que, como si fuera poco, también habían trazado el nombre de Fidel Castro con reclamos idénticos. Así escribieron, y eso mismo fue lo que leyeron los vecinos que, muy curiosos, se acercaron a mirar, hasta que los comunistas intervinieron en el muro.

Muy pronto, y a la carrera, se tiñeron de negro algunos tramos del muro para tapar los carteles, justo aquellos donde se había escrito aquel ABAJO que tanto llamara la atención de muchísimos vecinos y de todos los que por allí pasaban. ABAJO DÍAZ-CANEL, ABAJO FIDEL: eso se leyó en la enorme Calzada del Cerro, que recibió a los numerosos curiosos que quisieron confirmar lo que antes no era más que un comentario de barrio.

Y la Calzada del Cerro comenzó a llenarse de curiosos, de esos que solo encontraron unas manchas negras cubriendo lo que antes se había escrito. Aquellas manchas provocaron que los transeúntes comenzaran a hacer conjeturas, a preguntarse qué había debajo de esa pintura negra que tanto llamaba la atención.

El remedio resultó ser mucho peor que la enfermedad. Los curiosos crecieron en número y las preguntas se multiplicaron. Las teorías se expandieron, y con ellas aumentaron quienes hacían una, y mil, conjeturas. Los decisores pusieron a prueba su inventiva y, donde antes había una mancha negra, apareció toda una pared bien repellada, una pared que luego sería pintada para hacer desaparecer cualquier evidencia.

Los comunistas repitieron la estrategia de siempre: el ocultamiento. Borrar cada vestigio del desacato se convirtió en lo más importante. Y apareció el cemento, apareció la arena, apareció todo lo necesario para esconder la inconformidad grandísima de los cubanos, hartos ya de tantísimas miserias.

Hoy muchas familias claman por un saquito de cemento, por una minucia de arena para corregir los desastres de casas a punto de venirse abajo. Pero esos materiales se reservan para el ocultamiento, para encubrir las verdades que nos acosan.

Los materiales de construcción están dispuestos para el encubrimiento, para ocultar lo que no puede estar a la vista de todos. Y si no lo cree, exprese su inconformidad, su “desacato”, en la fachada de su propia casa, y verá cómo se apuran en pintarla. Pinte, muestre una desobediencia, una inconformidad, y comprobará que sí hay pintura.


© Cubanet