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Paco CobosLibertad Digital |
"No tengo ni para el peculio de la cárcel". Pobre. "Mi hijo está trabajando de camarero". Le pediré un descafeinado. De sobre.
Luzón, con perdón, flipaba: "No me ha ocurrido esto en 35 años de profesión". Dicen por ahí las malas lenguas que ni le dirige el saludo a la letrada.
Llega al Supremo bien enjutado en su traje. Con una cruz en la solapa, como el que se tira al ruedo con una estampita de su Cristo en la montera.