El impuesto oculto de la envidia
Durante años hemos repetido que Santander ha sido olvidado por la Nación. Hablamos de una deuda histórica en infraestructura, reclamamos mayores inversiones y cuestionamos la escasa transferencia de recursos hacia nuestra región.
Quizás tengamos razones. Pero vale la pena hacernos una pregunta bastante más incómoda: ¿y si uno de nuestros principales obstáculos somos nosotros mismos?
Hacer empresa, innovar, emprender, generar empleo, invertir o desarrollar un proyecto implica superar enormes desafíos técnicos, financieros y operativos. Sin embargo, a medida que una iniciativa crece, aparece otro costo, menos visible y difícil de cuantificar: la resistencia del entorno al crecimiento ajeno.
Instituciones que parecen encontrar más razones para impedir que para........
