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La venganza de acostarnos tarde: por qué robamos a propósito horas al sueño

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29.07.2026

Son las once y media de la noche. Sabemos que deberíamos irnos a dormir. Mañana sonará el despertador y nos tendremos que enfrentar a trabajo, clases, cuidados, correos, reuniones o tareas pendientes.

Pero nos asalta una frase íntima, casi justificadora: “me merezco un rato para mí”. Ponemos una serie. Miramos el móvil. Encadenamos vídeos. Revisamos redes sociales. Leemos noticias que no necesitábamos leer. Contestamos mensajes. O, simplemente, seguimos despiertos, como si alargar la noche permitiera recuperar algo que el día nos ha quitado.

No es exactamente insomnio, porque no siempre existe una imposibilidad real de dormir. A veces hay cansancio, incluso mucho cansancio, pero también una resistencia extraña a cerrar la jornada. Es lo que popularmente se conoce como “venganza de acostarse tarde”. En psicología, el concepto más asentado es el de procrastinación del sueño: retrasar la hora de irse a la cama sin que exista una causa externa que lo impida.

No es que no queramos dormir: es que no queremos que acabe el día

La explicación fácil sería pensar que nos falta disciplina. Sin embargo, esta conducta suele tener una lógica psicológica más compleja. Muchas personas no retrasan el sueño porque ignoren su importancia, sino porque sienten que el día no les ha pertenecido.

Durante la jornada, el tiempo está lleno de obligaciones: producir, cuidar, responder, desplazarse, organizar, cumplir. La noche aparece entonces como un pequeño territorio de soberanía personal: nadie pide nada, nadie interrumpe, nadie evalúa. Por fin, aunque sea tarde, podemos elegir.

Ahí aparece la palabra “venganza”. No es una venganza contra el sueño, sino contra un día que no ha dejado espacio para uno mismo. El problema es que esa recuperación de libertad tiene un coste: se paga con tiempo de........

© The Conversation