Leonardo Azparren, por Alejandro Oropeza G.
Leonardo Azparren, por Alejandro Oropeza G.
«Es muy cruel no poder decirle adiós a nuestros afectos.»
Corina Yoris, conversación del 13 de febrero de 2026.
Se me queda servido un whisky en el vaso del tiempo. No es una alegorÃa traÃda al acaso, es un gesto detenido y casi fracasado con innumerables aristas: una conversación inconclusa, una risa que no alcanzó a mostrarse del todo que persigue convertirse en ecos andando por encima de las sombras.
En la quietud espesa y transparente del vaso suspendido se queda también tu nombre, Leonardo Azparren, flotando en una confidencia que se resiste a caer. Adiós… adiós, amigo del alma. Me harás falta.
La muerte tiene la costumbre brutal de convertir en memoria lo que aún sentÃamos presente, y no le importa ni el tiempo ni la distancia. Ayer eras llamada pendiente, proyecto en curso, cita a satisfacer con regocijo, allá al pie de la montaña. Hoy eres evocación, recuento, gratitud herida.
La muerte tiene la costumbre brutal de convertir en memoria lo que aún sentÃamos presente, y no le importa ni el tiempo ni la distancia. Ayer eras llamada pendiente, proyecto en curso, cita a satisfacer con regocijo, allá al pie de la montaña. Hoy eres evocación, recuento, gratitud herida.
Y, sin embargo, hay personas cuya partida no logra clausurar su presencia. La tuya, Leonardo, es de esas que se expanden. No te reduces al dato biográfico ni a la cronologÃa de los años; te prolongas en la huella que dejaste en quienes tuvimos el privilegio de llamarte amigo.
Fuiste, ante todo, una conversación inagotable, un reto perenne. TenÃas el raro talento de escuchar con hondura y responder con lucidez y sin estridencias. En tiempos de opiniones rápidas y afectos descartables y sustraÃdos por el interés, cultivaste y enseñaste la pausa, el argumento, la ironÃa muy fina, la lealtad sin espectáculo, el intermedio para la reflexión antes de decir y actuar y asÃ, no cupiese el........
