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El renacer de Marx… ¿o del marxismo?

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12.10.2026

En el discurso del 3 de julio del 250 aniversario de la Declaración de Independencia de los EEUU fue el mismo Trump quién lo puso en el centro, cuando dijo: “Puedes ser leal a Karl Marx o puedes ser leal a Estados Unidos”. De nuevo, “un fantasma recorre el mundo…” tras el fracaso de las experiencias pos marxistas (Podemos, Syriza, …), del progresismo, del “socialismo del siglo XXI», y de las corrientes identitarias que dominaron el programa político de la izquierda estos años.

El “renacer de Marx” está ligado a la búsqueda de alternativas a la profundísima crisis que sufre el capitalismo imperialista, especialmente en la que fue la potencia hegemónica estos 80 años, los EEUU, y se sitúa a cuarenta años del descubrimiento de que tras el Muro de Berlín no había socialismo, y que el “marxismo” allí defendido era una religión laica al servicio de la legitimación de una casta burocrática en el poder.

Por ello el “Marx” que renace, no es ni puede ser lo que se conoce como el “marxismo ortodoxo” establecido en la URSS de Stalin, a través de la Academia de las Ciencias de Moscú, su Sanedrín.

No es baladí la diferenciación en el titular, puesto que el desarrollo de la tesis implícita nos pone ante dos perspectivas; si el estudio se centra en Marx como individuo que hizo aportaciones a amplios sectores del conocimiento humano, la tendencia será a unas conclusiones academicistas. Se estudiarán sus “luces y sus sombras” al margen del objetivo político que el propio Marx tenía, la construcción de una política y una organización revolucionaria para la transformación socialista de la sociedad, a cuyo servicio dedicó todos sus esfuerzos de estudio.

Esto nos lleva de cabeza al segundo aspecto. Cierto es que Marx afirmó que “él no era marxista”; y de alguna manera no engañaba, el marxismo es mucho más que el propio Marx. La dialéctica materialista, el materialismo histórico y la crítica de la economía política no son, como diría él mismo, “rayos en cielo sereno”; sino que son una salto cualitativo en el conocimiento humano, del que Marx, y su compañero Engels, son herederos.

En este sentido creo acertada la definición que Gramsci hace del marxismo, al calificarlo como la “filosofía de la praxis”, separándolo de la persona de Marx. El personalismo que lleva implícita la palabra “marxismo” se rompe, porque el salto cualitativo en el conocimiento humano que supuso Marx no es una cuestión individual. Su genio no fue inventarse un nuevo pensamiento, sino que a partir del conocimiento humano previo, histórico, conocido en su momento, descubrió las nuevas formas de relacionarse los seres humanos que llamó “relaciones sociales de producción” capitalistas; abrió, así, las puertas para que esos descubrimientos permitieran nuevas perspectivas de estudio de la sociedad.

El marxismo no es un libro cerrado, por eso, los marxistas posteriores entraron por esas puertas, desarrollando, actualizando y corrigiendo en su momento las mismas conclusiones de Marx. Pero todo esto se hizo bajo una premisa clave en su pensamiento, definida en la 11 ava Tesis sobre Feuerbach: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Esta es la diferencia cualitativa entre Marx y los filósofos que le precedieron, y los que le sucedieron; la praxis revolucionaria, es decir, la síntesis entre teoría y práctica revolucionaria es lo que inspira a Marx.

Por ello, cuando uno lee el capítulo de I. Wallerstein “Marxismos” en la obra colectiva “El renacer de Marx” que “todos los pensadores importantes suelen tener seguidores y discípulos, así como oponentes (…)”, se demuestra que los “académicos” o no han entendido nada de Marx o, lo que sería peor, lo han entendido, pero prefieren tergiversarlo para, desde dentro, intentar anular el carácter revolucionario del pensamiento de Marx.

Marx y Engels, no buscaban “seguidores y discípulos”, sino construir organizaciones revolucionarias para acabar con el capitalismo, que es muy diferente. Rosa Luxemburgo, Lenin, Trotski, Gramsci, etc., etc., no eran “seguidores y discípulos”, eran militantes que tenían la “filosofía de la praxis” como herramienta de análisis para la transformación social, de la que la construcción de organizaciones revolucionarias que la dirigieran era la piedra de toque. Es más, a Marx solo se le puede entender en profundidad si se está trabajando para la construcción de una organización política internacional.

No exclusivamente “seguían” a Marx, sino que polemizaban con sus análisis incluso en su obra central, El Capital, como Rosa Luxemburgo con la Acumulación de Capital; lo actualizaban, como Lenin con el Imperialismo como fase superior del capitalismo -el dominio del capital financiero-, frente al colonialismo capitalista que Marx había conocido, o profundizaban en sus análisis, con la ley del Desarrollo Desigual y Combinado de Trotski. El mismo Gramsci definió a la perfección el papel de Marx en su actividad teórico – política, cuando hablaba del partido como “el intelectual colectivo” del proletariado, un desarrollo de la frase del propio Marx, cuando dijera que “la burguesía tiene economistas, el proletariado comunistas”.

Por ello es clave entender la diferencia entre Marx y los teóricos que lo precedieron, no se limitaba a estudiar la realidad de una manera metafísica, como Tomas Moro con su Utopía o los socialistas utópicos, sino que todos sus estudios tenían un objetivo práctico, transformarla, y para ello era preciso, no tanto inventarse sociedades futuras como Julio Verne en Los Quinientos Millones de la Begún, sino construir organizaciones políticas que permitieran a la clase obrera avanzar en su camino de la liberación de la sociedad de la explotación y la opresión.

En la lógica academicista, analizar el “renacer de Marx” haciendo abstracción de la política, se inscribe la obra colectiva editada por Akal con el mismo título, se confirma por los autores seleccionados; todos, absolutamente todos, ligados a instituciones académicas. Aunque algunos de los autores están ligados a organizaciones políticas, no lo son por ese motivo. Ni un solo miembro de las miles de organizaciones políticas que hay en todo el mundo que reivindican el marxismo como “filosofía de la praxis”.

¿Casualidad?. Si algo enseña el marxismo es que las casualidades no existen, y menos en el terreno de la política, porque, de........

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