El miedo que no cesa
En la película Siete días de enero (1979, dirigida por Juan Antonio Bardem), un sindicalista de CCOO le dice a otro: “Sueño con una sociedad sin clases y sin reuniones”. Yo sueño con una democracia sin miedo porque las democracias que tienen miedo no son tales. Hay mucho miedo en España, todos tenemos demasiados miedos, llevamos con miedo casi un siglo sin contar los muchos años anteriores a ese siglo. Hoy se palpa el miedo desde el primer ciudadano que a su trabajo acude, con su dinero paga, hasta nosotros, los profesores de universidad, incluyendo a los que tienen plaza por oposición en el funcionariado.
Comparada con la Historia, mi vida es menos que un suspiro y siempre he conocido el miedo. Primero, en aquella España franquista en blanco y negro en la que unos padres que vivieron de pequeños una guerra civil nos decían: “hijo, tú no te señales”. Después, con el asesinato de Carrero Blanco. Luego, en la Transición y en los primeros años de la democracia, con eso de que podía llegar otra guerra civil y por tanto había que votar al centro, no a la izquierda -PSOE o PCE- ni a la derecha -Alianza Popular o Fuerza Nueva-, no, nada de eso, al centro, a la UCD, para que los militares se molestaran lo menos posible.
La ruptura que no se produjo
¡Oigan los progresistas de hoy, los que denigran el espíritu del 78! Voy a repetir algo que no es la primera vez que lo digo: a ver qué haríais vosotros en una mesa de negociación por la democracia -de la que ahora os aprovecháis a base de intentar lograr poder usando emociones y sentimentalismos-, si la estructura de poder mercantil, militar y eclesiástica era totalmente franquista y había ganado una guerra civil que vuestra adorada Segunda República perdió por caótica.
Conocí a algunos comunistas de los que perseguían la democracia en la Transición. Ignacio Gallego, Manuel Benítez Rufo y su hermano José que vino una vez desde el exilio hasta Sevilla para entrevistarse con quienes formábamos la célula clandestina de periodistas del PCE. Incluso con Santiago Carrillo tuve un breve encuentro que fue algo desagradable. Todos habían sido perseguidos y hasta torturados. Y lo que representaban, antes, en la Segunda República, había sembrado el miedo sobre todo en Madrid, creo que es así como debe contarse la llamada Memoria Democrática poque, si no, es puro adoctrinamiento, como la actual.
En la Transición, el PCE era partidario de la ruptura con todo -lo que queréis vosotros ahora, progresistas- y al final tuvo que rendirse a la evidencia. Hubo entendimiento y hundimiento progresivo del PCE, fortalecimiento del sistema de mercado de cuya sociedad de consumo os habéis servido y seguís sirviéndoos.
A pesar de toda aquella capitulación llegó el 23-F en 1981. Más miedo. ETA seguía y también grupos terroristas que me parecían extraños, por ejemplo, el GRAPO o el FRAP. Como periodista pude desarrollar un encuentro, por supuesto secreto, con dos militantes de los GRAPO y me di cuenta de lo descoordinados y manipulados que estaban. No eran........
