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Lo del ultimátum, lo del escudo anticrisis

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28.03.2026

El maguismo y la extrema derecha no son previsibles. No lo son porque no quieren. Y porque no pueden serlo, pues su sistema de toma de decisiones transcurre en un grupo pequeño, desinformado, víctima de su propia propaganda.

1- La Ilíada es la impresionante historia de una serie de personajes que acceden a su destino. Pero la guerra de Ilión, aludida en tablillas hititas, fue todo lo contrario. No fue una, sino al menos dos guerras, sórdidas, entre micénicos e hititas, por el control del Bósforo, entonces el estrecho estratégico y hoy uno de los ocho estrechos estratégicos por los que circula el comercio mundial. Alejo Carpentier tiene un cuento fascinante –Semejante a la noche,incluido en La guerra del tiempo,1958– que juega con esa disonancia entre lo épico y lo cutre en la guerra de Troya/Ilión, en la guerra a secas. Concluye con la flota aquea partiendo hacia Troya y, tras ella, un nuevo barco, no inventariado por Homero. Se trata de un barco de mercaderes. Las guerras no son, nunca jamás, lo que proclaman. Ni tan siquiera las guerras contra las espinillas y los puntos negros. Son más bien ese barco de Carpentier escondido, discreto. Esta guerra, en la que pugnan una potencia mundial –EEUU– y una potencia regional –Israel– contra otra potencia regional –Irán–, tampoco democrática, no es lo que proclama la guerra sobre sí misma. Por lo que es una guerra difícil de leer. Hasta que uno empieza a comprender que la Época, la partitura que da sentido a todo durante un segmento de tiempo, es ese barco escondido camino de Troya.

2- Bueno, minuto y resultado. El 22M, Trump, ese genio también militar, emitió un ultimátum de 48 horas a Irán para abrir Ormuz, en modo pom-pom-abre-la muralla reloaded. Como les decía el otro día, por cierto, Ormuz/la muralla no está cerrado –no se pierdan el punto 7, que hay novedades–. Irán respondió que, si Trump, tras ese aviso, procedía a bombardear, como afirmaba, sus centrales eléctricas, bombardearía, en modo quid pro quo, infraestructuras petroleras y plantas desalinizadoras. El ultimátum de Trump concluía a las 00:44 del 24M, noche de Halo. Ese mismo día, para amenizar la espera, Irán supuestamente bombardeó, vía misil, una base de EEUU en territorio británico, a 4.000 km de Irán. Lo que fue la supuesta confirmación, inesperada en Occidente y en sus servicios de inteligencia –por lo visto, no muy despiertos–, de que Irán podía bombardear a 4.000 km. Es decir, bombardear Londres, Berlín, Roma, Parla. Lo que desembocó en una conversión masiva al sanchismo en Europa. El 23M, Trump, en vez de romper Irán, rompió la tensión dramática, prorrogando el ultimátum otros cinco días. Hasta el 27M, según la cuenta de la vieja. Por el mismo precio, y vía un tercer Estado –Pakistán–, Trump hizo llegar un plan de 15 puntos para finalizar la guerra –o, según Israel, para un alto el fuego de un mes–. Se desconocen esos puntos, si bien se han filtrado algunos de ellos. El primero sería el desmantelamiento, por parte de Irán, de su plan nuclear, en teoría ya desmantelado por EEUU en la guerra anterior. El segundo sería el cese de todo apoyo iraní a pollos afines –hutíes, Hezbolá–. El tercero sería la apertura del estrecho de Ormuz –que, recuerden el punto 7, no está, técnicamente, cerrado–. El 25M, Irán, que el mismísimo 23M ya había dicho que nonis, le dice a Trump y a sus 15 puntos que ni de flores. Y envía otros puntos para negociar con Trump. Están fundamentados en la soberanía nacional, ese llenapistas de la Época. Soberanía nacional también sobre Ormuz. Es importante saber, en todo caso, que el 23M, entre la propuesta de Trump y la negativa iraní, transcurrieron 56 minutos. Quédense con ese dato y llévenselo al siguiente punto, o punto 3.

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3- El contexto económico del 23M, antes de esos 56 minutos y con el ultimátum aún no prorrogado por Trump, era de puro marrón. Los datos y parámetros, tras casi un mes de guerra, eran diáfanos. A saber: a) la IAE (Agencia Internacional de la Energía) –los supercicutas del pack energético– había señalado que la crisis creada por EEUU-Israel era ya superior, en profundidad y envergadura, a la de 1973, momento en el que las vidas de nuestros papás y abuelitos, literalmente, se fueron al garete y se asentaron las bases del neoliberalismo, formulado en la siguiente década y que hoy disfrutamos todos, yupi. También se advertía –vía Goldman Sachs, que siempre va a al turrón; su presi hace unos meses emitió en ese estilo lo que fue mi frase favorita de 2025: “A mí me da igual, porque no me afecta, pero se avecina una gran crisis”; me la he tatuado en el tobillo– que b) si la guerra concluyera, en modo virgencita-que-me-quede-como-estoy, ese mismo 23M, la producción de petróleo, debido a los daños, aún livianos, infringidos a las estructuras petroleras, caería un 40% durante cinco años. Lo que supondría, zas, superar el récord histórico de 147$ el barril –recuerden: la crisis, dramática y sin predicción en su evolución, está calculada en 140$ el barril–. Lo que a su........

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