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Víctor Corcoba Herrero: «El encarte de pulsos nos une; el descarte de latidos nos separa»

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16.07.2026

Nuestro afán dominante, en lugar de ser generoso, consiste en sembrar egoísmo, para suscitar la desconfianza constante, tomando la desesperanza como atmósfera; y, todo ello, disfrazado de cuentos interesados, con final guerrero. La mentira es nuestro gran proyecto colectivo. El corazón, por ende, también ha dejado de latir. Lo que percibimos en este momento es una tensión, fermento de la inhumanidad vertida, que nos deja sin métrica y abandonados. Tanto es así, que la violencia y la persecución continúan obligando a millones de almas a dejar sus hogares, mientras que las crisis climáticas, la inestabilidad económica y la fragilidad política, multiplican sus miserias. Además, con el timbre de la indiferencia, solemos dejar de lado que todos somos parte del poema viviente.

En efecto, nos sobra demasiada coraza y nos falta corazón para ese encarte global incluyente. En el fondo, no se aprecia a la ciudadanía, ni a los ciudadanos como un valor primordial que hay que considerar y proteger, especialmente sin son indigentes o discapacitados, si todavía no son útiles como los no nacidos, o si ya no sirven, como las personas longevas. Por desgracia, nos hemos vuelto pasivos e insensibles ante situaciones exasperadas, propias de una existencia salvaje y no humana. Es cierto, que muchas gentes apoyan el derecho a buscar seguridad; pero, simultáneamente, se preguntan si los sistemas de asilo son justos, eficientes o si están debidamente gestionados. No es suficiente tener buen ingenio; lo principal, es emplearlo humanitariamente.

Sin duda, nuestra gran asignatura pendiente pasa por avivar la poética del sueño hogareño a la vida en familia. Aislarnos entre sí, desde luego, es uno de los mayores tormentos actuales. La falta de requerimiento o acompañamiento, además nos corrompe todos los vínculos, desmembrándonos de la lírica del sentimiento, que es lo que nos engrandece y recompone. El rechazo, lo que hace es volvernos soberbios e ingratos, demostrando así que los hipotéticos avances de la sociedad no son tan reales, ni tampoco están asegurados para siempre. Muchas veces se percibe que, fruto de........

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