El interregno
El Adriano de Yourcenar gobierna un mundo cuyos dioses ya no convencen. Mitraísmo, judaísmo y cristianismo proliferan, pero ninguno logra imponerse. El Olimpo está agotado, pero nada lo reemplaza aún. Un interregno.
Gramsci lo expresó con crudeza: cuando lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer, emergen fenómenos mórbidos. Monstruos: fanatismos reciclados, mesianismos improvisados, cinismos disfrazados de realismo, soluciones fáciles para problemas obstinadamente complejos.
Joseph Overton observó que las sociedades no eligen políticas en el vacío. Para cada tema difícil —seguridad, desigualdad, migración, rol del Estado— existe un rango limitado de soluciones que compiten, a veces contradictorias y excluyentes, pero que pueden discutirse sin quedar fuera de la respetabilidad pública. A ese rango se llama “ventana de Overton”: el marco que delimita lo políticamente pensable. Afuera, en un momento determinado, lo impensable.
La ventana no es fija. Revoluciones o reformas la desplazan. Las sociedades cambian: opciones antes tradicionales desaparecen, quedan fuera del marco, y........
