Decidir sin aplausos
Gobernar —o liderar una institución— no es un ejercicio de popularidad. Es, ante todo, un acto de responsabilidad. Sin embargo, en el Perú hemos normalizado una lógica peligrosa: confundir liderazgo con aplauso inmediato y decisión con improvisación.
Las decisiones que construyen país rara vez generan ovaciones. Por el contrario, suelen incomodar, postergan beneficios visibles y exigen disciplina. Pero son precisamente esas decisiones —técnicas, prudentes y sostenidas en el tiempo— las que permiten estabilidad, crecimiento y confianza.
El verdadero problema no es la falta de recursos ni de talento. Es la incapacidad de sostener decisiones cuando dejan de ser populares.........
