La responsabilidad de tomar partido
No deja de sorprenderme que aún existan personas que sigan poniendo en una balanza la posibilidad de condenar o no condenar un genocidio, de reaccionar o no reaccionar ante una guerra ilegal o de justificar o no justificar un desorden mundial provocado por un fanático y que solo beneficia, oh sorpresa, a los de siempre. ¿Llamamos a eso libertad? En una lectura poco empática y liberal de la palabra "libertad", es posible. Pero seamos conscientes de que estamos pervirtiendo la palabra al hacer un uso torticero de ella, como el que hizo Ayuso cuando hablaba de la libertad de abrir bares mientras la gente estaba muriendo.
Estamos viviendo en el fin del mundo. Del mundo tal y como lo habíamos conocido hasta ahora. No es un fin del mundo blockbuster. No romantizamos con la idea de un planeta en llamas para crear un catálogo de héroes salvadores, formato merchandising, que coleccionar luego comprando un McMenú. Estamos ante una atrocidad real. Un mundo que, tras siglos sometido a los desmanes del capitalismo más cruel, ha criado a una enfurecida población mundial que, en lugar de alzarse contra su histórico opresor, lo elige democráticamente porque lo ve disfrazado de William Foster, el protagonista de Un día de furia, y se lo cree. Seres humanos descuidados con su propia supervivencia que ponen su vida en manos de perturbados narcisistas, de tecnócratas indecentes, de pedófilos codiciosos, de señoritos de cortijo y de falsos salvapatrias. ¿De verdad pensáis que es un buen momento para no tomar partido?
Entiendo a los artistas que sienten una presión ideológica, por parte de la sociedad y los........
