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Los infiernos del paraíso

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Los parajes montañosos a los que afluimos como viajeros admirados de sus paisajes vertiginosos, su aire limpio, su fauna, su flora, su apariencia paradisíaca, suelen haber sido en el pasado todo lo contrario: lugares terribles, pequeños infiernos en los cuales anidaba la miseria más atroz. En Francia, tradicionalmente, se llamaba a las zonas montañosas —sus propios habitantes las llamaban así— le mal pays, "el mal país". Lo bueno era vivir en el llano; allí todo era más fácil; más clementes las inclemencias. Uno de los más grandes y cautivadores misterios de la crónica de sucesos asturiana ocurrió no hace mucho en uno de ellos: Somiedo, hoy uno de los grandes imanes turísticos de la región, famoso por sus montañas, sus lagos, sus bosques y sus osos, pero en tiempos unas Hurdes cantábricas, aisladas y pobres.

Ocurrió no hace tanto, en 2015, en enero. Fue la aparición de un extraño cadáver en un paraje aislado de ese concejo ya aislado de por sí: un varón de unos cincuenta años, raza caucásica, 30 kilos de peso y 1,30 metros de estatura, con graves deformaciones esqueléticas, signos de discapacidad intelectual y ceguera provocada por unas gruesas cataratas........

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