El abuelo facha no verá crecer a su nieto
Pongamos que se llama Vicente y vive en un barrio de galones como Chamberí. Las calles son ahí anchas y verdes, con arbolitos y guirnaldas que se cuelgan como golondrinas de las fachadas viejas emperifolladas con adornos de pladur y yesería. A Vicente le encanta el barrio, se enamoró de él joven, cuando vino a Madrid a opositar para la Real Fábrica de Moneda y Timbre. Franco acababa de morir y España se convertía en tierra de oportunidades para golfos y cínicos, para agnósticos del nuevo régimen que olvidaban el viejo al creer que había un hueco, una grieta, por la que podrían colarse y hacer fortuna. Lo llamaron capitalismo primitivo: las puertas de las élites estuvieron entreabiertas durante un rato.
Vicente opositó, prosperó y fue feliz en Madrid, en su Madrid; se compró un piso con doble puerta de caoba y dos anchas terrazas a la calle y un lavadero cubierto por celosía que daba al patio interior; se lo compró bastante joven, nada más anunciada en el BOE su plaza, y no se movió de allí jamás por mucho que se acumularan los ascensos y trienios y complementos en el sueldo; los compañeros de la subsecretaría se burlaban de él, decían que no tenía una vivienda acorde a su posición ni nivel y que había pisos aún más grandes – el suyo tenía tres amplias habitaciones, nada mal – en........
