Ceuta: más empatía, menos odio
Los hechos acaecidos en Ceuta este último mes y medio expresan distintos conflictos, intereses y actitudes humanas y políticas. Se entrecruzan una oleada migratoria y una crisis humanitaria con un fuerte conflicto político por su valoración y su gestión, que se acumula a la aceleración de la polarización institucional y mediática entre las derechas (extremas) y las izquierdas o fuerzas progresistas (divididas), en plena precampaña electoral, en un marco geopolítico de dominio trumpista y ascenso ultra y racista en Europa.
En esta compleja y contradictoria dinámica, por un lado, se trata de comprender a la gente, desde la empatía, o sea, desde la escucha, el respeto y la solidaridad, siendo conscientes de que pueden existir controversias y diferentes intereses inmediatos. Por otro lado, hay que frenar las dinámicas de odio, de prepotencia y racismo, con una actitud integradora y de convivencia intercultural, hasta ahora bastante razonable en la población ceutí, entre las personas de cultura cristiana (55%) y musulmana (45%) que, por cierto, mantienen un alto sentido de pertenencia española.
En otra parte (Ceuta y el racismo de las derechas europeas), he analizado las causas profundas de este fuerte flujo migratorio poniendo el énfasis en la gran brecha socioeconómica y de nivel de vida entre Marruecos y España (o entre África y Europa), así como en las expectativas de esas poblaciones de Sur Global para salir de la pobreza y la inseguridad y alcanzar un proyecto de vida digno vía migración. Después vienen las condiciones y oportunidades coyunturales que explican el momento y la dimensión de la entrada migrante.
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