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El microcrédito

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24.03.2026

La semana anterior, nuestro paisano y economista Jesús Antonio Vargas Orozco me compartió su columna en Portafolio titulada “Microcrédito y tecnología”. Vargas Orozco, exalcalde de La Plata, con amplia experiencia en el sector público, se desempeña como consultor empresarial y columnista de Portafolio, medio líder en economía y negocios del grupo El Tiempo. En sus escritos analiza críticamente las políticas agropecuarias y defiende un mayor enfoque en el desarrollo rural, más allá de los discursos oficiales.

Con frecuencia se opina sin profundizar; por ello, de manera apresurada señalé que el microcrédito era interesante para combatir el “gota a gota” que golpea la economía informal. El doctor Vargas Orozco me respondió: “… de acuerdo, pero es que hoy los bancos que se han dedicado al microcrédito están cobrando tasas muy altas, a pesar de que han reducido los costos de operación…”.

Su tesis central es clara: la tecnología ha transformado los modelos de microcrédito, reduciendo costos operativos y riesgos; sin embargo, esa eficiencia no se ha reflejado en mejores tasas para los usuarios. Actualmente, plataformas digitales, permiten ofrecer créditos, pagos y otros servicios de manera ágil, sin necesidad de infraestructura bancaria tradicional. Así, se reemplazan las visitas físicas y evaluaciones subjetivas por sistemas automáticos que analizan datos como pagos de servicios públicos o movimientos en billeteras digitales, lo que ha hecho más rápido y barato prestar dinero.

No obstante, si la tecnología redujo los costos para los bancos, ¿por qué los microempresarios siguen pagando intereses tan altos? En Colombia, las tasas del microcrédito pueden superar incluso las de un crédito de consumo común, aunque el riesgo evaluado con las nuevas herramientas sea menor. El problema radica en que el sistema financiero usa la tecnología para abaratar su operación, pero no para abaratar el crédito.

En consecuencia, esta estructura de costos frena la productividad y la formalización, especialmente en un país con alta desigualdad y baja penetración financiera en las zonas populares. Por eso, Vargas Orozco acierta al afirmar que la eficiencia interna debe traducirse en beneficios para quienes históricamente han pagado más por acceder al crédito. No se trata solo de cifras, sino de un asunto ético: la tecnología debe servir para incluir, no para sostener márgenes de ganancia injustificados.

En conclusión, la tecnología permite evaluar riesgos y otorgar crédito más barato; sin embargo, si eso no se traduce en menores tasas para el microempresario, la inclusión financiera queda incompleta.

Nota. La E.S.E Hospital departamental San Antonio de Padua, de La Plata, invita a la comunidad del occidente a participar en la audiencia de laa rendición de cuentas 2026, el día 9 de abril, a las 9 de la mañana en el auditorio del hospital. Esperamos su asistencia.


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