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Ricardo Gil Otaiza: Un poeta maldito

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24.08.2026

Opinión.- Siempre estaba ausente, como si la vida le pasara de largo. Caminaba por las calles y la gente se le quedaba mirando, pero él no se enteraba, su mundo era interior: subsumido en algún recodo de su mente, hundido en un recóndito intersticio sin conexión con el exterior, solo la poesía era su carta de presentación, pero pocos la leído habían, a lo sumo tres o cuatro amigos de juerga, de conversaciones frugales, y ellos asumían aquellos versos como la exhalación de una deidad ubicada en lo más alto del Olimpo: letras nacidas. en las inmediaciones del sublime arte de Homero, de Safo de Lesbos, de Virgilio, de Horacio y de Ovidio; así de grande le tenían.


Él sonreía, se sentía halagado, pero aquello no lo creía y, de creerlo, de nada le serviría, porque se hallaba desconectado del mundo, como si la vida aconteciera solo en su interior y todo aquello que pasaba a su alrededor fuera apenas un telón de fondo, un decorado que poco le decía, o peor aún: lo atormentaba, lo sacaba de su burbuja personal y rompía con brusquedad el sutil halo que lo envolvía y lo separaba de su yo más profundo y particular, y por esto se sentía excluido, execrado, aborrecido por la sociedad, porque no calzaba con la medianía de las cosas “normales” de su entorno, y cuando uno de sus amigos le dijo a bocajarro “¡güey, ¡eres un poeta maldito!”, pensó en su admirado y muy lejano Poe, en su tragedia, en........

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