Hasta el copete
Hay varias maneras de decirlo: estamos hasta el gorro, hasta la coronilla, hasta el tope, hasta el copete, hasta los cojones, hasta el moño, hasta las narices, hasta la madre… Es decir, estamos hartos de vivir sometidos al chantaje de las mafias de caciques que han convertido a Bolivia en el peor país de la región, gracias a una manga de ignorantes instalados en el prebendalismo masista desde hace dos décadas. Basta ya.
No pude almorzar con mi amigo Antonio Eguino el miércoles, como hago todas las semanas, porque el vandalismo inhumano de los bloqueadores instigados por la COB me impidió llegar a Huajchilla y a él salir para su tratamiento médico semanal. Tuvo que atravesar el puente de Lipari en silla de ruedas para ser recogido del otro lado y llegar a un lugar seguro. Ni siquiera por su estado de salud se conmovieron los bloqueadores. La violencia que ejercen los embrutece.
¿Quiénes son los bloqueadores? Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero lo que sí se sabe es que los menos agresivos son manipulados como marionetas, reciben órdenes de sus sindicatos en cartas escritas a mano o a máquina y repletas de sellos que no representan a nadie, pero ofrecen la imagen “de autoridad”: órdenes que si no se acatan derivan en multas o chicotazos. El autoritarismo en las comunidades ha hecho desaparecer la ideología y la conciencia crítica.
Algunas imágenes muestran a un troglodita solitario plantando enormes clavos en el pavimento de una carretera, y ni siquiera se inmuta cuando es increpado por la persona que lo está filmando. ¿Ese ciudadano representa a Bolivia? ¿Ese tarado quiere construir un mejor futuro para sus hijos? Lo más probable es que esté siendo utilizado por dirigentes temerosos de perder sus privilegios y ganancias.
Los más agresivos, en lugar de cartas e instructivos con sellos de dirigentes locales, reciben billetes enviados desde el Chapare y tienen que firmar listas para acreditar su vandalismo entusiasta. Las imágenes que vimos de El Alto, frente al Multicine, muestran a marchistas belicosos a punto de atacar ese complejo comercial y al día siguiente el ministerio de Educación. Da rabia y tristeza, pero sobre todo impotencia frente a la violencia de la ignorancia. Si esos son “pacíficos” maestros rurales, yo soy Madiba (Nelson Mandela) o Bapu (Mahatma Gandhi).
En Lipari, en el altiplano, en El Alto o en la sede de gobierno (las cuatro instantáneas citadas antes) se producen estos hechos que no son casuales, son coordinados y muestran la pobreza........
