El penalti, “hasta en Nigeria”
Pocas veces ha habido tanta unanimidad televisiva a la hora de valorar una polémica arbitral. El penalti no pitado de Pubill no solo alineó a los expertos, sino que se manifestó con contundencia. Pedrerol abría su Jugones: “Nos quejamos de los árbitros españoles. Pero anoche, el del campo era rumano y el del VAR era alemán. ¡Como un chiste!”. En laSexta recuperaron el coro del Chiringuito coincidiendo en el penalti flagrante. En El desmarque de Cuatro, Manu Carreño también dejaba claro que “la jugada debió ser penalti”. De todos modos, se preguntaban: “¿Es un penalti claro para todo el mundo?”. Aseguraron que la jugada “divide el mundo del fútbol” y que “la justicia siempre tiene dos caras”. Unos intentos algo absurdos de equilibrar el discurso, aunque los únicos que consideraban que no era penalti eran los propios interesados.
Lo singular es que ambos programas destacaron de forma curiosa la dimensión global del escándalo. En Cuatro un vídeo recogía la indignación del técnico del Barça en varios idiomas: “Flick repetía lo mismo en inglés o en polaco, aunque como mejor se entiende es en castellano”. En Jugones todavía era más desconcertante. Pedrerol destacaba: “Hasta en Nigeria hablan de lo ocurrido en el Camp Nou”. “Hasta en Nigeria” expresado como el colmo de lo inaudito y lo exótico. También recogían reacciones mediáticas de Italia, Inglaterra, Estados Unidos… como algo lógico. Pero que en Nigeria hubiera un programa de radio comentando los partidos de Champions parecía el súmmum de lo inesperado, la confirmación de hasta qué punto había sido grave la metedura de pata arbitral. Es sintomático cómo una reacción internacional delata una lectura tan jerárquica del mundo. El vicio de mirarse al ombligo. Se acaba construyendo una idea de globalidad que en realidad es profundamente localista y autorreferencial. El despliegue lingüístico de Flick queda anulado por el “en castellano se entiende mejor”.
En el mapa futbolístico, Europa y Estados Unidos son lógicos, pero Nigeria certifica la excepcionalidad como relato periférico. En ambos casos, el mecanismo es el mismo: lo propio como medida de todas las cosas a pesar de una narrativa que finge celebrar la universalidad del fútbol. El orden mundial solo existe para que las cosas tengan sentido en España. Y necesitamos que nos los confirmen “en castellano” y “hasta en Nigeria”. Sin duda, parece un chiste.
