La paradoja del combate invisible: De la espectacularidad espiritual a la fidelidad sacramental
En la última década, el panorama religioso y sociocultural en América Latina ha experimentado una transformación sutil pero profunda en su lenguaje. Expresiones como «guerra espiritual estratégica», «cartografía invisible» o «ruptura de maldiciones territoriales» han dejado de ser patrimonio exclusivo de los movimientos neopentecostales para instalarse, con preocupante ligereza, en las conversaciones cotidianas, las redes sociales y las plataformas de discusión pública de muchos católicos.
Esta adopción mimética del vocabulario de las iglesias libres no es un asunto meramente terminológico; entraña un riesgo teológico de envergadura que desfigura la esencia misma de la fe cristiana y, paradójicamente, termina facilitando la tarea de aquello que intenta combatir.
El primer gran equívoco de la «guerra espiritual» de matriz neopentecostal es su tendencia inherente al dualismo cósmico.
Al presentar el mundo como un tablero donde las fuerzas del bien y del mal disputan palmo a palmo el control de instituciones, ciudades o voluntades, se le otorga al demonio un protagonismo y un poder que la doctrina católica rechaza categóricamente.
Dios es el Creador omnipotente; el demonio es solo una criatura caída cuyo poder está subordinado y limitado. La victoria de Cristo en la Cruz es un hecho absoluto y definitivo, no un resultado en suspenso que dependa de la intensidad de nuestros gritos o de la espectacularidad de nuestros decretos.
Cuando un católico pasa el día enfocado en «reprender» estructuras invisibles en lugar de examinar su propia conciencia, incurre en una de las........
