La guerra de los tres dioses
14 de marzo 2026 - 03:09
Bob Dylan interpretó por primera vez Con Dios de nuestra parte en 1963, siete meses antes de que mataran a Kennedy. La publicó en el disco Los tiempos están cambiando en 1964, ocho meses antes de que Estados Unidos entrara en la guerra de Vietnam. Satirizaba la justificación religiosa de la violencia en la historia bélica de su país, desde la conquista del Oeste a la guerra fría... Sesenta y tres años después, Estados Unidos inicia la guerra de Irán y un grupo de veinte fundamentalistas evangélicos se reúne en el despacho oval para rezar. Piden a Dios sabiduría para el presidente guerrero y protección para sus tropas. La escena es obscena. [No se pierdan el retrato que en estas páginas hizo el lunes Víctor J. Vázquez]. Días después, el secretario de la Guerra de Trump adaptó un Salmo del rey David: “Bendito sea Jehová, que adiestra mis manos para la batalla y mis dedos para la guerra”.
Pero en fanatismo religioso Irán supone una durísima competencia. La teocracia comandada por clérigos chiítas, fundamentalistas islámicos, es una dictadura instaurada tras la revolución que en 1979 depuso al régimen absolutista de Reza Pahleví. El shah de Irán fue cómplice del golpe de estado que en 1953 urdieron Inglaterra y Estados Unidos contra el primer ministro Mossadeq, que había nacionalizado el petróleo dos años antes. Imanes revolucionarios como los Jamenei vienen de linajes centenarios de descendientes del profeta. Mojtoba, el actual líder supremo, no es un virtuoso. Según Bloomberg y Financial Times tiene un patrimonio en el extranjero de 400 millones de dólares a través de testaferros. Con dinero, y en nombre de Alá, los ayatolás apoyan el terrorismo yihadista de los sunitas de Hamas en Gaza y de chiítas de Hezbolá en Libano.
El terceto lo completa Israel. Con Yahvé de su parte el ejército judío ha perpetrado un genocidio en Gaza. Y el ex ministro de Defensa Yoav Galant, ejecutor de la matanza y prófugo de la Corte Penal Internacional, querría repetir la hazaña en Irán y Líbano. El Gobierno israelí aúna extrema derecha con ultraortodoxos como el Partido Sionista Religioso, Judaísmo Unido de la Torá o los Sefardíes Observantes de la Torá.
A los tres contendientes les sobra nacionalismo mesiánico. La guerra de Irán está falta de perspectiva laica, humanista. Porque, parafraseando a Bob Dylan, ninguno de los tres dioses detendrá la contienda. Los tiempos están cambiando de nuevo. Esta vez a peor.
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