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El estrecho de Ormuz: Una trampa estratégica casi perfecta

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16.03.2026

Antes de analizar la frialdad estratégica con que el régimen iraní maneja sus fichas geopolíticas, es imprescindible nombrar lo que suele quedar sepultado bajo los mapas y los análisis de inteligencia: el gobierno que amenaza hoy al mundo con paralizar el comercio global es el mismo que, desde 2019 hasta la fecha, ha asesinado a miles de sus propios ciudadanos por salir a las calles a pedir libertad. Solo en las protestas de noviembre de 2019, organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional documentaron más de 300 muertos en apenas una semana, aunque cifras extraoficiales elevan ese número a más de 1.500. Con el levantamiento de "Mujer, Vida, Libertad" en 2022, desatado por el asesinato de Mahsa Amini a manos de la policía moral, el régimen volvió a disparar contra su propio pueblo: más de 500 muertos confirmados, más de 18.000 detenidos, decenas de ejecutados en procesos judiciales que la ONU calificó de farsas. La teocracia iraní no es un actor geopolítico excéntrico o difícil; es un régimen criminal que ha hecho de la represión interna su primer instrumento de supervivencia. Tener esto presente no es moralizar: es no perder de vista quién está detrás de la estrategia que vamos a analizar.

Dicho esto, el mundo consume cada día alrededor de 100 millones de barriles de petróleo. De ese total, unos 20 millones —el equivalente a lo que consumen juntos todos los países de Europa occidental— atraviesan un canal de apenas 33 kilómetros de ancho en su punto más estrecho. Se llama el Estrecho de Ormuz, y en este momento es el lugar más peligroso del planeta. No porque haya explotado una bomba nuclear, ni porque dos grandes potencias hayan chocado en batalla abierta, sino porque Irán ha entendido algo que sus adversarios tardaron décadas en reconocer: no hace falta........

© Los Tiempos