El síndrome de las Bermudas
El síndrome de las Bermudas
La elegancia nunca ha consistido en sufrir. Consiste en entender el contexto. Porque el verano no justifica cualquier cosa.
Hay epidemias silenciosas. No hacen ruido, no ocupan titulares y, sin embargo, se propagan con una eficacia asombrosa. Una de ellas empieza cada mes de junio y termina cuando aparecen los primeros paraguas de septiembre. La he bautizado como el síndrome de las Bermudas.
No me refiero al triángulo. O sí. Porque, igual que en aquel desaparecían barcos y aviones, en este desaparece el sentido de la elegancia.
Basta con que el termómetro supere los treinta grados para que miles de hombres entren en un extraño estado de trance. Abren el armario, ignoran pantalones de lino, chinos ligeros y cualquier tejido........
