La 'chonificación' del desastre
La 'chonificación' del desastre
No se trata de convencer —solo faltaría—, sino de "cerrar bocas"; no de comprender, sino de "arrasar"; no de informar, sino de fabricar el fragmento de vídeo viral que "destroza" a los fachas.
España ha encontrado una forma relativamente barata de resolver la crisis de Ceuta: convertirla en una discusión entre tertulianas. No devuelve la seguridad a sus 84.000 habitantes, no restablece la frontera ni obliga al Gobierno a responder por lo ocurrido, pero llena unas cuantas horas de televisión y permite que la menguante parroquia socialista se marche a la cama convencida de haber ganado. Es mucho más fácil "derrotar" a una señora en un plató que enfrentarse a Marruecos en el feroz terreno de la realidad.
No todas las responsabilidades son equiparables. Aunque cada partido dispone de sus cronistas, sus voceros y sus especialistas en indignarse, ha sido Pedro Sánchez quien ha convertido esta fauna en parte esencial de su estructura de poder. El sanchismo no inventó el chonismo político —ya existía fuera—, pero lo entronizó, lo profesionalizó y le reservó sitio en la televisión pública. Descubrió que la degradación del debate no era un efecto indeseado, sino una formidable herramienta de autoconservación. Cuanto más rastrera es la discusión, más difícil resulta levantar la mirada hacia quien gobierna.
El último episodio de Malas lenguas merece conservarse como muestra paradigmática de la época. Una tertuliana elogió a Aznar y recordó el episodio de Perejil.........
