Lo pagamos todos
El centro de València en plena ola de calor. / Miguel Ángel Montesinos
Cierto es que sopla un ligero viento del este que ofrece sensación de desahogo. Cierto es que los peores días de la ola de calor han pasado, con sus mediodías de más de cuarenta grados y sus noches tórridas por encima de veintiséis. Cierto es que son las diez de la mañana, cuando se marca la hora límite entre hacer deporte y jugarse la vida. Todo eso es cierto pero también lo es que a mediados de julio en la costa valenciana no hace clima para correr con pantalones largos y sudadera térmica. Verla me lleva........
