El eco de los sueños
Detalle del grafiti en la calle Moret / AC
Ahí estaba el nombre de la calle. En València, a la entrada del centro histórico. Saliendo de Blanqueríes hacia la Plaza del Carmen. Las calles estrechas por las que me pierdo, como si esta ciudad ya no fuera la mía, la ciudad en la que viví, como escribía René Char, «el tiempo de los montes rabiosos y de la amistad fantástica». Ya ese tiempo me cae lejos. Los sitios que desaparecen. La gente que borró sus huellas cuando la vida, como decía el poeta Gil de Biedma, empezaba a ir en serio.
El estruendo del galope
El azar echa por tierra, muchas veces, las sinuosas trazas del destino. Cambia de sitio las esquinas. Vuelve del revés, como hacían las abuelas para remendar calcetines con un huevo de madera en los tiempos del hambre, lo que dábamos por sentado y lo pone sin ninguna compasión al pie de los caballos. Era como si recorriera esas calles por primera vez. Y de repente, el nombre de una de ellas: Moret. Entonces, en ese mismo instante, «se acercó la hora del recuerdo», como en el viejo poema de Anna Ajmátova. De golpe me iba a más de cincuenta años atrás, a una vieja casa de la calle Moret, a una casa cuya puerta se abría desde arriba tirando de una cuerda, como se sigue abriendo en Moncada la casa de Laia y José Luis. Los recuerdos -no todos, pero muchos- hacen bien,........
