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Hacer transparente lo jurídico

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08.09.2026

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En otro elogio escrito mucho antes del libro del profesor Víctor Ferreres, el Elogio de la locura, Erasmo de Rotterdam hacía una crítica poco misericorde de los jurisconsultos, a quienes incluía dentro del círculo de los “falsos sabios”. Para Erasmo, el prestigio que se presumía a los juristas descansaba simplemente en su capacidad para “entrelazar entre sí quinientas o seiscientas leyes sin orden ni concierto, sin preocuparse demasiado si guardan relación con los asuntos que tratan. Añadir párrafos y más párrafos, citas y más citas haciendo creer al vulgo que su ciencia es cosa muy difícil”. Esta sátira del hombre de leyes y su pedantería esconde también, a poco que se piense, una crítica a su producto, es decir, al derecho o, si se prefiere, a la lengua en la que se expresa el derecho. El sistema jurídico sería así producto de un saber corporativo y autorreferencial, registrado en un código que paulatinamente se ha desconectado del lenguaje común que usan los ciudadanos, a quienes no solo les rige el derecho, sino que, en un sistema democrático, son fuente de su propia legitimidad. Esta complejidad técnica del mundo jurídico sirve a menudo como capital simbólico y fuente de autoridad para los que administran ese saber oscuro, necesitado de intermediarios expertos. Elogiar el derecho, desde estas premisas, no estaría al alcance de todos y, por lo tanto, sería una impostura por parte de los legos. La oscuridad del lenguaje jurídico, podrían defender sus acreedores, no sería tanto un vicio corporativo como el efecto de un sistema que estructuralmente solo puede operar sometiendo la realidad a la complejidad de sus propios códigos.

Frente a esa resignación al hermetismo, el profesor Víctor........

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