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El eterno retorno narcopolítico

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14.09.2026

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Morena podría ser un narcopartido. Más allá del ruido electoral, existen argumentos sólidos para sostenerlo: desde su fundación, algunos de sus operadores confesaron a la DEA que fueron financiados por los Beltrán Leyva para campañas de Andrés Manuel López Obrador. 1 sus dirigentes nacionales diseñaron un esquema de huachicol fiscal, vinculado con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel del Golfo, para financiar campañas locales y ganar varias gubernaturas;2 sus gobernadores en Sinaloa, Michoacán y Tamaulipas, por mencionar los casos más documentados, recibieron apoyo territorial y material de los cárteles a cambio de protegerlos; sin importar la gravedad ni la cantidad de pruebas en su contra, las principales figuras del partido han protegido sistemática y reiteradamente a sus narcopolíticos, aun cuando estén imputados en Estados Unidos, como el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, o existan sentencias que reconocieron que llegaron al poder gracias a la intervención del crimen, como el caso del gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla.3

La oposición propone una solución simple, heroica y rentable: muerte al narcopartido. Y ahí es donde empieza el verdadero problema. Terminar con la narcopolítica es un reto mucho más grande que vencer a Morena en las urnas o enjuiciar a sus integrantes. Para lograrlo, no solo hay que cambiar al rey en el trono: hay que romper la rueda, un ciclo de luchas por el poder que empezó a girar desde los años setenta, y que escaló desde la protección a criminales de poca monta hasta la infiltración estatal de redes macrocriminales capaces de cometer atentados terroristas de escala nacional ante la captura de su líder, como sucedió tras el asesinato de “El Mencho”.

Para entender cómo funciona realmente el narcoestado, no sirve tanto ver cómo se aplica la ley, sino cómo se permite su rompimiento selectivo: a quién se tolera, a quién se persigue y a quién se le cobra por esa tolerancia.4 El modelo García Luna (proteger a un grupo criminal, ayudarlo a erradicar a sus competidores y lucrar política y económicamente con esa protección) no fue una innovación del calderonismo: la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense y la Dirección Federal de Seguridad (DFS) fueron las primeras en aplicarlo en la década de 1970.

Primero, la CIA protegió a Alberto Sicilia Falcón, el primer traficante en construir una red internacional de tráfico de drogas hacia Estados Unidos.5 En 1975, Sicilia fue detenido en un operativo conjunto de la DEAy la policía del Distrito Federal. Ahí inició el eterno retorno de los narcos, los narcopolíticos y las narcoagencias de seguridad. Ahí tiene su raíz la guerra contra las drogas impulsada por Nixon, que es condición de posibilidad para que nazca un mercado negro y las estructuras criminales necesarias para explotarlo. Ahí fueron creados los primeros traficantes catalizados por la protección oficial. Ahí, las agencias de seguridad empezaron a refinar su método: alimentar a un depredador para que asesine a los demás y se convierta en el siguiente riesgo de seguridad. Y ahí mismo, desde un inicio, los poderosos vieron en las drogas y la violencia una oportunidad más para incrementar su capital político y económico.6

La detención de Sicilia fue un ensayo de la Operación Cóndor y de una larga lista de operaciones de cooperación entre las agencias de seguridad estadounidenses y mexicanas. Fue, además, la primera de varias detenciones para........

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