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Las ciudades y los perros

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01.10.2026

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Siempre me gustaron los perros. Cuando era niño tuvimos un springer spaniel inglés de pedigrí, muy afectuoso, que cuando llegaba del colegio saltaba para intentar lamerme la cara a manera de saludo. En mi adolescencia me acompañaba en mis largas y sufridas caminatas de búsqueda existencialista. Pero tengo que confesar que últimamente me he hartado de los perros.

Me explico. Donde esté en el mundo, en Madrid, en Lima, en Londres o en cualquier lugar, cuando me despierto suelo ir a caminar una hora, para despejar la mente y meditar sobre las tareas del día que comienza. Cada vez más encuentro mi camino obstaculizado por los perros. Andan en grupos con un paseador tipo Hollywood, quien no los controla. O van sueltos, ladrando o mordisqueando mis tobillos. La moda ahora es llevar al perro con un lazo largo, que fácilmente actúa como las bolas que el gaucho usa para capturar a la vaca y termina derrumbando al peatón. Con los años, he adquirido un afecto cada vez más grande hacia los pájaros. Y tengo la sospecha, seguro no científicamente comprobable, de que, a más perros, menos pájaros.

La relación entre los seres humanos y los perros es larga y profunda. El perro, siempre se ha dicho, es el mejor amigo del hombre (aunque me consta, por mis caminatas en los parques, que lo es cada vez más de la mujer). El perro fue la primera especie que domesticaron los seres humanos. Hay una afinidad entre los........

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