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El último libro de Borges

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09.04.2026

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Un año antes de morir Jorge Luis Borges publicó Los conjurados, su último libro. Había acordado con Alianza editorial la entrega de treinta poemas pero entregó cuarenta, treinta y dos en verso y ocho en prosa poética. Los fue componiendo en medio de los viajes que los múltiples homenajes por el mundo le obligaron. Los escribió en Cnossos, Kyoto, Ginebra, Berna y Buenos Aires, entre 1981 y 1983. Los conjurados fue su décimo tercer libro de poemas. 

Edward Said desarrolló el concepto de “estilo tardío” para referirse a las obras artísticas creadas en la última etapa de un autor. “¿Se vuelve uno más sabio con la edad –se pregunta Said– y existen acaso unas cualidades únicas de percepción y forma que los artistas adquieren como resultado de la edad en la fase tardía de su carrera?” Es el caso de Shakespeare en La tempestad y del Sófocles del Edipo en Colono. 

Hay obras tardías que coronan una vida entera de esfuerzo estético. Un claro ejemplo de esto lo representa Los conjurados de Borges. El libro, muy breve, exhibe un rigor sostenido. Aparecen los espejos, los laberintos, el tiempo, las rosas, los atardeceres, la Cábala, los libros, enunciados con la misma dicción que en la mayor parte de su obra poética. “Nadie se repite con tanta perfección como Borges”, señaló José Miguel Oviedo. Quizás el más alto logro literario de Borges haya sido la creación de una voz única, inconfundible. El tono y el lenguaje de Borges es el mismo en sus poemas y en sus entrevistas, en sus ensayos y en sus cuentos. Agudeza y gracia, inteligencia e ironía. Borges repite en su último libro símbolos y sintaxis de sus libros anteriores. “Si no soy monótono, no satisfago a mis lectores”, dijo en una entrevista. “Todo poeta –según Chesterton– concluye siendo su mejor parodista”. Nunca Borges fue más Borges que en Los conjurados. 

Borges revolucionó el cuento y el ensayo en lengua española pero fundamentalmente fue un poeta. La fuerza y encanto de sus poemas no se encuentra en los experimentos verbales (en el intento de llevar el lenguaje más allá de sus límites) sino en las visiones que revela y en las reflexiones que suscita. Su hábito más constante es la enumeración, que el uso del versículo facilita. Para él la enumeración era un intento de remedar la variedad del cosmos, poblado de cosas singulares y sin embargo todas ellas “unidas por un vínculo secreto”. Desarrolló con los años un sistema complejo de ecos, autorreferencias y paráfrasis. En sus poemas en prosa el procedimiento más usual es la parábola. En Los conjurados, lejos de cualquier moda poética, volvió a lo elemental: el mármol, la piedra, la madera, el fuego, el río. Recurrió a........

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