menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Hayek y el conservadurismo

34 0
20.08.2026

Nombre de usuario o dirección de correo

Friedrich Hayek es un gran héroe para los conservadores, y con razón. Reverenciaba las tradiciones. Despreciaba el socialismo. Era partidario del libre mercado.

Hayek contribuye a definir el conservadurismo moderno. Y sin embargo, uno de sus ensayos más interesantes y vívidos lleva este título: Por qué no soy conservador.

Bueno, ¿por qué no lo era? ¿Y qué podemos aprender de su clara voluntad de distinguirse de los conservadores?

En el ensayo en cuestión, escrito a finales de la década de 1950 y publicado en 1960, Hayek rechazaba la idea de que los socialistas están a la izquierda, los conservadores a la derecha y los liberales en el medio. No le convencía la idea de una especie de línea que va de izquierda a derecha. Escribió: “Nada podría ser más equívoco. Si queremos un diagrama, sería más apropiado disponerlos en un triángulo, con los conservadores ocupando un vértice, los socialistas tirando hacia el segundo y los liberales hacia el tercero”. Tres vértices, no una línea recta.

Hayek tenía bastantes cosas amables que decir sobre los conservadores y el conservadurismo. Su ensayo está escrito con más tristeza que ira. (Al parecer, se originó como una ponencia presentada ante la Mont Pelerin Society en 1957, duramente crítica con el tradicionalismo asociado a Russell Kirk, quien por lo visto ofreció una réplica improvisada. Debió de ser todo un acontecimiento.)

Como tributo al conservadurismo, Hayek dijo esto: “A su estudio afectuoso y reverente del valor de las instituciones que han crecido orgánicamente debemos –al menos fuera del campo de la economía– algunas percepciones profundas que constituyen auténticas contribuciones a nuestra comprensión de una sociedad libre”. Hayek compartía con los conservadores esa reverencia por las instituciones surgidas orgánicamente, productos beneficiosos de procesos sociales y no de ningún diseñador individual.

Con esa reverencia justificada, los conservadores “sí mostraron una comprensión del significado de las instituciones surgidas espontáneamente, como el lenguaje, el derecho, la moral y las convenciones que anticipaban a los enfoques científicos modernos y de la que los liberales podrían haberse beneficiado”.

Esta capacidad de comprensión era central en el propio pensamiento de Hayek. Fue incluso definitoria. El liberalismo, tal como Hayek lo entendía y defendía, comparte esa reverencia y, por tanto, es deferente con las tradiciones. Nunca se burla de ellas. Existe aquí una estrecha conexión entre Hayek y Burke (y, según el propio Hayek, también Adam Smith).

Las actitudes divergentes hacia las tradiciones ayudan a explicar la ruptura de Hayek con John Stuart Mill (y con otros liberales). Según el relato de Hayek, Mill era un racionalista que pensaba que la razón humana podía emplearse para cuestionar las tradiciones. A Hayek eso no le gustaba en absoluto. Lo consideraba una “fatal arrogancia.” Hayek sabía bien que muchos liberales contemporáneos seguían a Mill, y lo lamentaba. La forma de liberalismo que Hayek prefería, y que consideraba la más auténtica, no atesora la razón arrogante, sino las manos invisibles, los órdenes no diseñados, el common law, el imperio de la ley y las costumbres.

Diseños sin diseñador: son fundamentales tanto para el liberalismo hayekiano como para el conservadurismo.

Hayek no quería congelar ningún statu quo, pero, como los conservadores, tendía a favorecer el gradualismo frente al cambio a........

© Letras Libres