El legado de Petro, al final, sí fue una explosión contenida
En mayo de 2022, antes de la primera vuelta, el excandidato Alejandro Gaviria le dijo al Financial Times que Colombia estaba “durmiendo encima de un volcán” y que mantener intacto el status quo en un país en el que el descontento acumulado había llevado a las protestas de 2019 y 2021 equivalía seguir aumentando la presión. Por eso planteó que era preferible una “explosión controlada con Petro”.
Cuatro años después, la predicción de Gaviria acertó en lo esencial. Petro fue un presidente disruptivo de izquierda que les dio visibilidad y representación a los reclamos que motivaron las protestas sociales y algunos indicadores sociales mejoraron sustancialmente. Al mismo tiempo, ni la economía ni el sistema se derrumbaron y los contrapesos institucionales moderaron los impulsos autoritarios del presidente.
Sin embargo, a juzgar por su discurso de fraude de las últimas semanas, es posible que la llegada al poder de Petro no haya sido suficiente para demostrarles a sus seguidores que podían obtener los cambios por las vías institucionales.
De las calles al gobierno
Desde su victoria electoral, Petro asumió que su mandato político y legitimidad venía de las protestas sociales que estallaron contra el gobierno Duque entre el 2019 y el 2021, el “estallido social”. Muchas de esas protestas en ciudades como Cali, o Bogotá, estuvieron lideradas por jóvenes de barrios pobres que se enfrentaron con violencia a la Fuerza Pública, y que para Petro eran la representación de las promesas incumplidas de la Constitución de 1991 a los grupos más excluidos.
Cumplir por fin esas promesas, rotas por un sistema “neoliberal” que según su relato tergiversó la Constitución, fue una de las grandes ideas con la que el presidente saliente orientó su gobierno.
Para hacerlo, Petro puso al frente de su gobierno y del Pacto Histórico a personas representativas de los grupos excluidos para los que gobernó. La vicepresidenta Francia Márquez, una líder afro del Cauca, fue el principal símbolo de esa apuesta.
En las listas al Congreso del Pacto en 2022, permitió la entrada de nombres como los de la exsenadora Dorina Hernández, militante de “Soy porque somos”, el movimiento de la vicepresidenta. O el del fallecido representante José Alberto Tejada, del Valle, quien se hizo conocido por entrevistar a los jóvenes que protestaban en Cali durante el estallido social en 2021. “El legislativo mostró esa fuerza de poder sumarse a agendas más ciudadanas ser más cercana a causas como las de los trans”, dice María Alejandra Victorino, de Exinstituto.
En el Ejecutivo también representó al movimiento social desde el principio del gobierno. Por ejemplo, Petro nombró a la líder indígena arhuaca, Leonor Zalabata, como la embajadora de Colombia ante Naciones Unidas y a Lena Estrada, perteneciente al pueblo indígena Uitoto Mekana, como ministra de Ambiente; Carlos Rosero, el reconocido líder afro, como ministro de Igualdad; y Edwin Palma, sindicalista de la Unión Sindical Obrera (USO), como ministro de Minas.
“Petro demostró que el gobierno no debe estar solamente en manos de las personas, llamadas técnicas, que estudiaron en las universidades más caras del país. Sino que los profesionales que nos formamos en otros espacios, con otras ideas más heterodoxas, también podemos tener las riendas del Estado”, dice la representante del Pacto por el Valle, Isabel Vera, una mujer de 26 años que era representante estudiantil de la Universidad del Valle en 2022, otro de los ejemplos de los espacios de representación que ganaron los jóvenes en la izquierda.
Petro también dedicó una buena parte de sus giras nacionales a los territorios más excluidos del país. Por ejemplo, a inicios del 2024, duró cinco días seguidos visitando siete municipios del Litoral del Pacífico junto a su gabinete en pleno. Durante esa visita propuso un puerto de aguas profundas en López de Micay, plantas de energía geotérmica, y vías férreas paralelas a las selvas de Darién que sirvieran de ruta alterna al Canal de Panamá. Era el político popular y........
