El mercadillo hippie
Todo lugar de veraneo que se precie tiene sus puestecitos de artesanía, dulces tradicionales y pulseritas. Antaño solo había hippies vendiendo bisutería de cuero y conchitas trenzadas a mano. Hoy todo se ha sofisticado tanto que ya solo falta que las grandes marcas instalen también sus casetas, como han hecho con las carrozas del día de Reyes. Los hippies están en peligro de extinción. Casi todos los mercadillos están ahora repletos de puestos de productos locales y artesanía. El hippie de porro y perro aún resiste al invasor, solo hay que saber encontrarlo en medio de las casetas de miel de la Abuela Pato, almendras garrapiñadas, y embutidos leoneses. Si te paseas entre las callejas del centro del pueblo, o incluso entre los puestos del mercadillo itinerante, y tienes suerte, tal vez puedas dar con ellos, como se decía de El Equipo A.
Los puestos de los hippies solían estar inspirados en Ibiza. Tengo para mí que la globalización hippie es fruto de una intoxicación. Algún hippie salió de fiesta en Ibiza al cerrar el mercado y no sabe aún qué ocurrió entremedias, pero ahora está en cualquier pueblo costero de Galicia, vendiendo collares de conchitas, y azulejos que exaltan las bondades del pulpo. Hace años que la moda ibicenca hippie dejó de ser underground y ahora es fácil ver a Carmen Lomano o a Jaime de Marichalar con su tobillera con las iniciales de “Give a peace a chance”, lema que ya era antiguo en 1970.
El Hippie de Toda la Vida (HTV) vendía pulseras de cuero de apestoso olor, y con una duración en muñeca superior a la vida media de un........
