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Sobre la ducha cotidiana

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23.08.2026

Hay que estar aseados para recibir al fin del mundo. Intentar en lo posible que agua y jabón se lleven aquello que nos sobra. Hacerlo en la ducha, de buena mañana, cantando estribillos ñoños obsesivamente con voz grave, de monje. Debemos estar limpios de cuerpo y corazón. Lo primero es lo fácil. Quizá por eso insistimos tanto ahí, para que el perfume oculte otras podredumbres, narcotizar al otro con fragancias de artificio y simular una gracilidad espiritual sin residuo.

El aseo tiene que ser espartano y eficaz. En estos días de apocalipsis, mientras la tierra se convierte en arena y podemos escuchar el quejido de los árboles sobrecalentados, incapaces de bombear líquido de un subsuelo seco, hay que pensar en la sed del mundo. No nos merecemos una fiesta de agua, aunque nos excusamos con el despilfarro inconsciente de la agricultura industrial, la gestión irresponsable, la ñapa en el sistema. Tenemos........

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