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Sendero, Lincoln y el olvido

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19.09.2026

Este mes se cumplieron 34 años de la captura de Abimael Guzmán. En enero de 1838, Abraham Lincoln reflexionó sobre una generación estadounidense que conservaba memoria directa de la guerra de independencia, librada entre 1775 y 1783: casi todos los hombres adultos habían participado en alguno de sus episodios y en cada familia existía una “historia viva”. Pero esa generación estaba desapareciendo. Lo que ningún enemigo había podido destruir, advirtió Lincoln, comenzaba a derribarlo “la silenciosa artillería del tiempo”.

En el Perú esa artillería ya trabaja. No con cañones, sino con nuestra indolencia: con el descuido de una sociedad que, tal vez cansada o cómoda, prefiere no recordar lo profundo del abismo que el país tuvo delante durante los años más duros de la violencia senderista.

Sendero Luminoso no fue un malentendido histórico ni un exceso de militancia. Fue un proyecto de destrucción del Estado peruano que quiso reconstruirlo a su imagen. No lo logró. Sendero no fue una tragedia lejana, reservada a los pueblos de Ayacucho. Tocó a cada familia peruana. El padre, hijo o hermano asesinado no era una cifra en un informe: era nuestro muerto. Cada coche bomba no estallaba solo en una esquina de Lima; estallaba en el pecho de quien escuchaba la noticia por la radio. El apagón, la falta de agua, la amenaza pintada en la pared, la lista de nombres leída por la radio: todo eso era nuestro miedo. Nadie quedó del todo a salvo. Quien no perdió a un ser querido perdió,........

© La Razón