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La lengua (el inglés) no está para entenderse

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01.04.2026

Por lo menos en mi pueblo y alrededores. Porque yo soy de pueblo, y a mucha honra. De uno de esos pueblos de la Castilla vallisoletana que tienen la fama de hablar el español con corrección. Me duele constatar que la contaminación de la lengua, que mis mayores me enseñaron a conocer y amar, también ha llegado aquí. Es cierto que el empleo de extranjerismos no ha avanzado tanto como en otras zonas. Pero también está sembrando la confusión postdiluviana que relata el génesis mediante la hermosa parábola de la torre de Babel.

Mi abuelo me enseñó a leer en los rótulos de las tiendas cuando paseábamos por el Madrid en los años 60. Era un agricultor sencillo y provinciano, pero orgulloso de ser quien era, de su historia, su fe y sus tradiciones. Gracias a él cuando, llegué a la clase de párvulos (así nos llamaban entonces) con cuatro añitos, ya leía de corrido. Para sorpresa de las monjas.

Ayer, paseando por las calles de mi barrio, constaté la dificultad que tendría un abuelo actual para reproducir con su nieto lo que hizo el mío. Una gran parte de los rótulos estaban en el idioma de la «pérfida Albión». Y no solo las denominaciones de los establecimientos. También los escaparates estaban llenos de expresiones como «take away», «customer service», «parking», «susi food», «outlet», «barber shop».

Los rótulos son solo una pequeña parte de la penetración de anglicismos.........

© La Razón