La culpa es de las madres, que las visten como...
Un grupo de personas, al parecer militares fuera de servicio, estaban siguiendo la final del Mundial en un bar de Berriozar, en las afueras de Pamplona, uno de esos pueblos de aluvión, crecidos al calor de la inmigración interna de mediados del siglo XX, lo que los locales venían a llamar «maketos» en las Vascongadas y, hoy, en proceso de reemplazo por familias ecuatorianas, colombianas y marroquíes, cuando una veintena de encapuchados les cayeron encima con barras de hierro, cadenas y porras extensibles, dejando un herido grave, con varias costillas rotas, y una docena más con lesiones de diversa consideración. Nada nuevo bajo el sol de aquellas tierras, donde una parte de la población se autoexcluye de su comunidad y de sus raíces, se mira en espejos deformantes y, como no puede ser de otra forma, vive en la violencia porque sólo encuentra razón de ser en el odio a quienes le recuerdan demasiadas semejanzas.........
