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El fusil de Silvio

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23.03.2026

La imagen es más patética que las palabras que la convocaron. Junto a Díaz Canel un general cubano entrega a Silvio Rodríguez un fusil. Unos días antes el cantante, de 79 años, había solicitado un fúsil para defender a la Revolución si los Estados Unidos se atrevía a agredir a Cuba. Mientras se desarrollaba la ceremonia representante del Gobierno estadounidense y del Gobierno cubano continuaban negociando las condiciones para la rendición del régimen castrista. Una grimosa payasada. Mientras veía de Rodríguez sonreír sumarísimamente al recibir el arma pensé en que bien pudiera solidarizarse con la Revolución abandonando su chalet de Miramar, con jardín y piscina, al que añadió su propio estudio de grabación en los años ochenta. Como altos cargos civiles y militantes y otros notables secuaces Sivio Rodríguez dispone de un pequeño generador eléctrico independiente. Cada tres o cuatro días –antes, claro, era cada 24 horas – llega un camión y le entrega a los sirvientes – Rodríguez dispone de sirvientes – un par de garrafas de gasolina. Pablo Milanés fue un hombre más decente y más honesto y no dudó en sentenciar la farsa revolucionaria en sus últimos y dolorosos años. Esta semana pasada se concentraron en La Habana un centenar de malandrines para apoyar entusiásticamente la dictadura. Entre ellos estuvo Pablo Iglesias, que disfruta casa con jardincito y piscina, como Silvio. Imagino que tendría cuidado por la calle, porque se pone al lado de un montón de basura callejera y no se le distingue, y le pueden mear encima. No está de más recordar que este payaso comunistoide llegó a vicepresidente del Gobierno

El responsable de la agonía de Cuba no es Díaz Canel, no son Las Fuerzas Armadas, ni el Gobierno de los Estados Unidos. El máximo responsable de la agonía de Cuba es Fidel Castro, quien falleció a tiempo para no comprobar como su invento se hundía en su propia mierda. Fidel no hubiera podido mantener su régimen si no es por el apoyo ilimitado de la Unión Soviética, que pagaba el azúcar según precios preferenciales y recibía petróleo, gas, cereales, cemento y material militar, sin incluir préstamos financieros que a menudo no se pagaban. Se calcula que entre 1961 y 1991 Cuba recibió de los soviéticos una ayuda que se elevó globalmente a unos 100.000 millones de dólares, una cantidad que multiplica por cuatro lo recibido por Europa a través del Plan Marschall después de la II Guerra Mundial. Cuando a principios de los años noventa desapareció la URSS Cuba comenzó a desplomarse y la población sufrió un periodo especial del que nunca salieron del todo. El chavismo fue una bendición. El turismo y el petróleo venezolano resucitaron la ilusión de una revolución que ya solo era propaganda. Un disco rayado en un club donde no queda ni frijoles ni ron ni risas: solo putas hambrientas. Pero ya entonces la vida consistía para los cubanos en sistematizar el milagro de exorcizar la miseria en medio de carencias cada vez más angustiosas. Finalmente el chavismo se suicidó y Trump utilizó la amenaza arancelaria y todo está a punto de llegar a su fin. Y ya es hora. Lo único que se socializa en Cuba desde hace décadas es el sufrimiento y la desesperanza.

Personalmente no me asombra nada la insistencia de los creyentes y beatos del castrismo. Fue una religión caribeña que legitimó esperanzas, desvaríos, carreras políticas, odios cervales. Si no creías en la revolución cubana, ¿cómo ibas a creer en cualquier otra revolución, en la victoria del Bien sobre el Mal, en que no hemos vivido en un error grotesco pero confortable? Si hacía falta arrancarse los ojos y creer lo increíble, pues se hacía. La realidad no podrá destruir nunca nuestro amor por la Revolución aunque los cubanos sucumban de hambre y de dengue. No están prohibidos los actos de heroísmo recordando a Fidel y al Ché. ¿No sería hermoso y epilogal que Silvio cogiera el fusil, junto a su piscina, y se pegase un balazo preciso con un tiro de Nievi y fallara pese a todo?

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