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Santágueda, atrapada entre el hedor y el silencio

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09.09.2026

A las cinco de la tarde. Eran las cinco en punto de la tarde. Un aire espeso trajo el hedor a las cinco de la tarde. La desesperación comenzó a extenderse a las cinco de la tarde. ¡Ay, qué terrible cinco de la tarde en Santágueda!A las cinco de la tarde. Eran las cinco en punto de la tarde. Cada respiración se volvía un esfuerzo insoportable. El aire se hacía irrespirable y la molestia de todos se convertía en un clamor general.Ni el descanso de la tarde se salvaba a las cinco de la tarde. El aire fétido invadía la intimidad de los hogares. La paz del hogar se volvía amargura; ni el café se podía disfrutar a las cinco de la tarde.A las cinco de la tarde. Eran las cinco en punto de la tarde. No había escape posible. Ningún refugio bastaba. El cerco invisible de la pestilencia lo invadía todo a las cinco de la tarde. Las entidades callaban,........

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