Gehard Cartay Ramírez: Lecciones de la transición de 1958
La madrugada del 23 de enero de 1958 cayó la dictadura perezjimenista y el siete de diciembre de ese mismo año se celebraron las elecciones presidenciales donde resultó ganador Rómulo Betancourt.
Apenas nueve meses y quince días fueron suficientes, no sólo para cumplir una compleja transición hacia la democracia, sino también para realizar un proceso comicial impecable y multitudinario.
La entonces Junta de Gobierno presidida por el vicealmirante Wolfgang Larrazábal actuó con inteligencia, premura y eficacia. Rápidamente desarticuló el aparato represivo, liberó los presos políticos, agilizó el regreso de los exiliados, rehabilitó los partidos políticos, designó por decreto una nueva Corte Superior y de Casación y un nuevo Consejo Supremo Electoral y programó para finales de año la celebración de elecciones a todos los niveles. Todo ello -insisto- en apenas nueve meses y quince días.
Fue una transición ejemplar, aunque no exenta de dificultades, porque también se produjeron graves hechos de violencia que pudieron abortar el proceso: tan pronto huyó el dictador multitudes encolerizadas incendiaron la sede de la Seguridad Nacional -la temida policía secreta-, lincharon a varios de sus esbirros y saquearon las residencias de Pérez Jiménez, Llovera Páez y Vallenilla Lanz.
Más tarde, en febrero y marzo regresarán del exilio Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba. Tan temprano como el 24 de mayo se decreta el Estatuto Electoral que regirá las elecciones de........
