Campañas electorales
Acto público de Vox con Santiago Abascal / José Luis Fernández / LZA
Anoche arrancó una nueva campaña electoral en Castilla y León. Al menos oficialmente, porque de manera extraoficial vivimos en una campaña continua que parece no tener fin. Por eso cada vez tengo más dudas de si estos 15 días que tenemos por delante hasta que vayamos a las urnas valen para algo. ¿De verdad los actos políticos que se organizan en los próximos días cambian el sentido del voto? ¿Los mensajes y eslóganes en los que durante meses trabajan los partidos para lanzar durante estas dos semanas calan más que todo el trabajo que han hecho en los últimos meses? ¿Merece la pena el gasto de recursos públicos que se hace en propaganda?
Sinceramente, creo que no. Hoy en día, donde la información (y la desinformación) está a golpe de clic y donde las redes sociales son las que marcan el paso, ya nadie se cree que los mítines se llenen gracias a personas anónimas que quieren escuchar a "sus líderes". Algunos hay, faltaría más (sobre todo en el caso de Vox), pero los que ocupan las sillas y portan banderas suelen ser en su gran mayoría afiliados y simpatizantes que se reencuentran en estos eventos y se dan a sí mismos un buen chute de motivación.
Por suerte o por desgracia, la mayoría de la población ya tiene decidido su voto de antemano y por múltiples motivos. Son muy pocos (por no decir casi nadie) los que se leen los programas electorales, los que se paran a pensar en si las promesas de ahora son las mismas de hace cuatro años, los que analizan de verdad qué supone su voto. La sociedad en general simplemente sigue la ola, alimentada en muchos casos por bulos y fake news, de lo que oye… o de lo que cree haber oído, de lo que ha visto en su móvil… sin haberlo verificado.
Sea como fuere, las campañas valen una pasta, así que ojalá ese dinero no se desperdicie más de la cuenta.
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